La presión es un privilegio
La presión te hará mejor.
En los pilotos, los momentos de fases críticas son también los momentos de máxima concentración. Cuando tú estás preparado para algo y tienes una cierta presión y un cierto estrés, es cuando más rindes.


Los días que no tengo nada que hacer, por pequeña y sencilla que sea la tarea, lo voy posponiendo todo. En cambio, los días en los que tengo el 80 % del día ocupado, rindo como nunca.
¿Qué vas a hacer mañana cuando llegues a la oficina: lo importante o lo urgente?
La gran mayoría de la gente se dedica a hacer lo urgente. Mañana haces lo urgente, pasado también y al otro también. Estás tan liado que solo te dedicas a lo urgente. Cuando ha pasado un mes haciendo lo urgente, ¿qué ha ocurrido con lo importante? Que lo has dejado pasar y, de repente, lo importante se ha convertido en urgente.
Por lo tanto, cuando lo importante se convierte en urgente, ya no le vas a dedicar el tiempo necesario para hacerlo bien. La clave está en dedicar mucho tiempo a reflexionar sobre lo importante y en tratar lo urgente de forma rápida, para quitártelo de encima. Si te dedicas siempre a lo urgente, lo importante pierde valor y también pierde la calidad del tiempo que necesita.
Si siempre pospones lo importante, muchas veces al final la vas a liar: se te acumularán demasiadas cosas importantes y eso acabará repercutiendo en ti.
La media de ingresos anuales de las personas que terminan un Ironman es de 150.000-200.000 euros anuales. El deporte en sí no es el más caro. Existe una correlación directa entre la disciplina y tu capacidad de generar ingresos.
La disciplina, la constancia, la tolerancia al aburrimiento… necesarias para entrenar un Ironman son tan elevadas que, cuando las extrapolas a cualquier otra área de la vida que decidas dominar y perfeccionar, te allanan el camino.
Tienes que poner más foco en tu ser, en desarrollarte como persona y en adquirir esas habilidades de disciplina y constancia. Así, cuando decidas enfocarlas en un ámbito concreto, te será mucho más sencillo conseguir tu objetivo.
Aquí estamos hablando del factor humano, es decir, del factor que tenemos nosotros para mejorarnos. Todo ello es nuestra predisposición ante Dios para que obre en nosotros. Por supuesto que es importante tener disciplina, fuerza de voluntad, estoicidad… pero todo esto se lleva a la cumbre por medio de la gracia.
Es la unión de nuestra naturaleza con la gracia la que te acerca a la perfección, aunque sea imposible alcanzarla.
Esta fuerza de voluntad que entrenas puede favorecer que la gracia actúe en ti. Es como tener un jardín: si lo cuidas —nuestra naturaleza—, cuando llueva —la gracia—, esta combinación hará que florezca.
También me parece importante señalar que, en estos temas de trabajar tu voluntad y tu disciplina, es muy fácil caer en el hedonismo, en la superioridad moral o física, en la superficialidad y en el pensar en “yo, me, mí, conmigo”. Todo lo que logres en la estoicidad tienes que ligarlo a la espiritualidad.
Como diría Santa Teresa de Jesús: “Aprendiendo a morir aprendemos a vivir”.
Esta frase tiene lógica en el ámbito de conseguir tus metas y aumentar tu disciplina, ya que aprender a morir puede ir desde no comerte otro helado hasta quedarte trabajando diez minutos más. Eso te lleva a mejorar tu espíritu de trabajo, tu dieta, tus hábitos…
Y la frase cobra máxima relevancia entendida en el ámbito donde fue pronunciada: el ámbito religioso. Aprendiendo a morir a uno mismo, aprendemos a vivir.
Es un significado nuevo y revolucionario, ya que morir a uno mismo por el prójimo ya no tiene como fin mejorar en ti, sino servir a la humanidad. Ya no importa que no comas por una dieta, sino que no comes para que el otro pueda comer.
En términos religiosos, es llegar a la imitación de Cristo. Al igual que Él murió en una cruz para la salvación de la humanidad, tú, desde tu pequeña parcela —que es tu vida—, decides poder donarte al resto.
En resumidas cuentas: las personas y la religión tienen caminos parecidos y metas similares, pero el sentido de realizar el camino es completamente diferente. En el mundo se busca el propio éxito —algo muy loable, que no menosprecio—, mientras que en la religión se busca el mimetismo con Dios.
Para los católicos tiene lógica intentar conseguir metas humanas —que se encuentran en el camino—, ya que la meta final es más elevada.



